Generalmente utilizamos los programas de estimulación cognitiva y de entrenamiento de las actividades de la vida diaria, administrados de forma individual o en grupo, especialmente en las etapas más iniciales de la enfermedad, parecen tener efectos positivos porque ralentizan el deterioro y están siendo evaluados concienzudamente.
A su vez, los programas de apoyo, asesoramiento y formación de cuidadores, tanto a profesionales como a familiares, son esenciales para contribuir al bienestar de los pacientes y su entorno.
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